jueves, 21 de febrero de 2013

Manuel Guillermo de Lourdes Primer Muralista de Durango Por Alberto Espinosa





















  El pintor y muralista Manuel Guillermo de Lourdes (1898-1971) nació en Texcoco en el año de 1898. Estudió en la Academia de San Carlos donde es discípulo de Saturnino Herrán y de Francisco Goitia. En la década de los 20¨s marchó a España donde estudia en el taller de las Vistillas del famoso pintor vasco Ignacio Zuloaga (1870-1945), el cual era frecuentado por el filósofo José Ortega y Gasset y el músico Manuel de Falla, siendo notable la influencia de este pintor en toda su obra. Se trata de la misma época en que otro mexicano, Diego Rivera, había recibido sus enseñanzas de un oscuro pintor español sin mayor trascendencia de nombre Cicharro.
   En el año de 1932 es invitado expresamente por el entonces gobernador Carlos Real para pintar los murales de la Escuela Superior Guadalupe Victoria, en la ciudad de Durango que todavía se conservan, siendo la primera obra perteneciente al movimiento nacionalista del muralismo ejecutada en el estado de Durango, siendo auxiliado por un pequeño grupo de pintores de la localidad entre quienes destaca Horacio Rentería Rocha el cual se convierte en su discípulo. En el edificio de la escuela, al lado de la dirección, destacan así dos murales los cuales son sendas alegorías de la Justicia y de la Libertad. Guillermo de Lourdes también pintó en la planta alta del edificio central para el salón de actos dos grandes murales más, teniendo como asunto el de la sabiduría, representada simbólicamente por la diosa Palas Atenea –existiendo todavía hasta la fecha un fragmento de otro mural el pórtico del edificio que da al patio posterior.
   Se encuentran en la escuela a la fecha, efectivamente, cinco composiciones murales no carentes de interés, realizadas al óleo, luego de más de 75 años de haber sido realizadas por el maestro Guillermo de Lourdes. Cuatro placas más dan relieve al patio central, adornado con una bella fuente, las cuales consignan sucesivas remodelaciones que ha experimentado con los años la escuela General Guadalupe Vitoria –lo cual no impide, por otra parte, que e todos los casos los murales muestren un severo descuido y deterioro, especialmente el mural que hemos llamado aquí Nuestros Orígenes, al cual le faltan incluso ya algunos pedazos de yeso, siendo por ello su lamentable estado de conservación alarmante.
   En el año de1932 llega a Durango el Maestro Guillermo de Lourdes invitado por Carlos Real, gobernador de Durango de 1932 a 1934, para pintar los primeros murales en Durango, al óleo, en la Escuela Superior Guadalupe Victoria, mandada construir e inaugurada por Carlos Real en 1934 y el Ciudadano Presidente de la República el General de División Abelardo Rodríguez el día 18 de marzo de 1934, habiendo el proyecto y dirección de la obra de la escuela corrido a cargo del Ingeniero Pastor Rouaix.
   Algunos de esos murales, terminados por el artista en 1934 al frente de un grupo de pintores locales, aún se conservan, pero otros se encuentran en estado lamentable y uno de ellos está en riesgo de ser irrecuperable. Los murales sobre la Justicia (Libertad) y la Sabiduría, de aliento universal, buscan resaltar el sentido educativo del edificio, de acuerdo a una interpretación nacional. Cultivando un estilo de evocaciones clasicistas, pero añadiendo elementos modernos y afrancesados, según algún crítico cercanos al art deco, el admirado artista avecindado en Durango desarrolla una versión personal de la escuela Española, con influencias de Zuloaga, Sorolla, Ramiro de Torres, de Francisco de Goya, pero también de la escuela mexicana, de Saturnino Herrán y del artista zacatecano Francisco Goitia.
   Manuel Guillermo de Lourdes pintó, en efecto, en la Escuela Superior Guadalupe Victoria cinco obras de carácter mural: dos alegorías a la entrada de la dirección, La Libertad y La Sabiduría, las cuales son visibles desde la calle; un par de murales en la biblioteca y salón de actos, El Lago de los Cisnes, composición simbolista de estilo vagamente art noveau, y Homenaje a la Patria, en el que conviven las dos razas que nos constituyen baja la forma alegórica de dos hermosas jóvenes, delante de unos caballos blancos montados por apaches y que ostenta al frente el águila nacionalista, añadiendo al reciento una ornamentación en los vanos de las ventanas estilo art deco; por último, en el patio trasero, una imponente composición, acaso la más lograda del grupo, Nuestros Orígenes, que habla de la grandeza de las culturas prehispánicas mediante una alegoría en que un grupo de indígenas rinde tributo a una deidad ataviada con orejeras. Las obras pictóricas, realizadas de 1932 a 1934, tienen como dato característico haber sido las primeras ejecutadas en el estado de Durango, debiéndose tal proeza a los pinceles del maestro Guillermo de Lourdes.
   Al año siguiente, en 1935, pinta los extraordinarios tableros que adornan el Palacio de Gobierno de Durango, llevando a cabo la gran serie: Historia del Proceso Revolucionario y la Lucha de Facciones, pero también La Patria Abre los Brazos para Reconocer a sus Hijos. El pintor Horacio Rentería fue por ese tiempo su ayudante, correspondiéndole, en 1935, pintar en e mismo Palacio de Gobierno, los escudos de armas de los diferentes municipios. En ese mismo año empieza Mercedes Burciaga, ayudada por su hermana Luz María, y asesoradas ambas por Horacio Rentería y Francisco Montoya de la Cruz, a pintar el Centro Escolar Revolución, terminado la obra en 1936, cuando era gobernador Severino Ceniceros –aunque el Centro en realidad fue inaugurado en ese mismo año por su sucesor, el coronel Enrique Calderón.
   Entre 1934 y 1935 Guillermo de Lourdes pinta una serie de extraordinarios murales en la Antigua Casa de Zambrano, hoy Palacio de Gobierno de la ciudad de Durango. Se trata de una serie de extraordinarios tableros realizados al óleo de inspiración nacionalista y un curioso estilo ecléctico, entre clásico y modernista. El primero de ellos, titulado “Historia del proceso Revolucionario”, comprende a su vez un gran número de obras, todas ellas pintadas en la planta baja del faustuoso edificio. Entrando por la puerta principal, en los dos muros laterales del zaguán nos sorprenden los dos primeros murales de grandes dimensiones: “El Trabajo en la Hacienda Porfiriana”, que nos habla de las condiciones de esclavitud de la época y “La Acordada”, también conocido como “La Leva”, cuyo tema es el del violento reclutamiento de peones para el ejército durante el inicio de la Revolución.
El primer tablero a la entrada a la izquierda “El Trabajo en la Hacienda Porfiriana” nos habla de las difíciles condícenos de los peones en las haciendas del siglo XX, prácticamente sometidos a la esclavitud en un sistema de explotación del hombre muy cercano al sistema feudal. Se trata de un tablero en el que el diestro pincel del maestro Guillermo de Lourdes demuestra la magnificencia de la escuela Española de pintura, haciendo gala su composición de las enseñanzas recibidas por su maestro Zuloaga. Entre todas las figuras se destaca el de una jovencita, casi un niña de precioso rostro que con mirada expectante contempla directamente de frente al espectador –adivinándose en la escena el drama que encierra, cuando la menor es entregada por su padre criollo falto de recursos para mantenerla al mestizo encomendero o caporal de la hacienda, habiendo en el cuadro algo de trágico misterio que recuerda los relatos rurales de Ramón del Valle Inclán.
En el patio principal del edifico continúa el desarrollo del extenso mural, el cual está seccionado en tres partes, las cuales siguiendo cronológicamente y de manera narrativa el proceso histórico de la revolución mexicana al destacar a sus figuras más prominentes. En el muro poniente abre la composición una grisalla, casi un dibujo a lápiz en donde se bosquejan los retratos de cuatro personajes durangueños, precursores el movimiento armado de 1910. En la parte superior se distingue el retrato del joven Doroteo Arango.
Inmediatamente después se encuentra un retrato ya a colores en el que destacan las figuras de Ricardo y Enrique Flores Magón estudiado un plano y tomando las armas al frente de un grupo de campesinos inconformes. Los hermanos Flores Magón organizaron para 1906 el Partido Liberal, al tiempo en que en país surgían los primeros brotes violentos de inconformidad por la política degastada del porfiriato, como las huelgas de Rio Blanco, de Cananea, de Acayuca.
   En el siguiente tablero aparece el revolucionario Aquiles Serdán, resguardado por su madre en parte posterior, y junto a sus hermanos Maximino y Carmen Serdán. Aquiles alado de Francisco I. Madero en el Partido Antirreleccionista, inicia el levantamiento armado en la ciudad de Puebla y es asesinado junto con dieciséis de los dieciocho insurgentes en un tiroteo en su casa, en la ciudad de Puebla el 18 de noviembre el 1910, iniciando el tiroteo el general Miguel Cabrera, jefe de la policía de Puebla, el cual aparece en el fondo del tablero entre las moriscas construcciones de aquella hermosa ciudad. En la parte baja del tablero una hermosísima representación de Carmen Serdán la muestra llevando entre las manos unas esferas puestas a los pies del revolucionario –probablemente en alusión a las míticas Manzanas de Oro las Hespérides, símbolo de los más altos tesoros de la abnegación y de los sacrificio humanos. Si observamos en detalle se trata en realidad de un manojo de explosivos o bombas, de modernas granadas de mano, ofrecidas por la mujer al revolucionario como explosivo reclamo ante la insufrible injusticia del pofiriato. Se trata de uno de los frescos más bellos de todo el conjunto en el que aparecerá nuevamente la figura de la musa que recurrentemente aparece como modelo en la obra mural del artista –obra infortunadamente maltratado por la incuria del olvido y carcomido por la lepra del salitre.
   En la arte frontal del edificio, al fondo de los corredores de patio de la planta baja, sigue el extenso tablero “La Lucha de Facciones”. Abre la composición un grupo de durangueños de la región lagunera que respaldaron el movimiento armado e 1910 con el alzamiento de José Agustín Castro, Orestes Pereyra, Gregorio García y Benjamín Argumedo. Por su parte también Calixto Contreras y Severino ceniceros encabezan en Cuencamé el movimiento armando al encabezar a los pobladores de San Pedro de Ocuila quienes durante años habían sido despojados de sus tierras y sufrido los abusos de los latifundistas porfiristas. En la sierra de Durango Domingo Arrieta acompañado de sus hermanos al lado de mineros y campesinos revelados contra la explotación se levantaron en armas.
   En la siguiente escena, en la parte central del tablero entre el arco del corredor y una gran puerta, aparece de sombreo negro y con el rostro desencajado, Pascual Orozco blandiendo tremendo rifle de carga. Nativo del estado de Chihuahua Orozco fue uno de los primeros jefes maderistas, tomado la ciudad de Juárez el 9 de mayo de 1911, siendo así uno de los actores claves en la redacción denlos “Tratados de Ciudad Juárez”, los cuales obligaron a Porfirio Díaz a renunciar a la Presidencia de la República, dando con ello cabida a elecciones democráticas, en las cuales triunfa Francisco I. Madero en noviembre de 1911 –quedando entre ese tiempo como presidente interino de la república Francisco León de la Barra. Mas tarde Pascual Orozco se inconforma y desconocería a Madero como presidente de la república, en marzo de 1912, mediante el Plan de la Empacadora, siendo apoyado por algunos revolucionarios durangueños, sumándose a él Benjamín Argumedo y José de Jesús Campos llamados “Los Colorados” –como antes que él lo había hecho en el sur Emiliano Zapata con el Plan de Ayala. En el mural, destaca más arriba, de sombrero gris y con grandes barbas, la artística representación de Luis Moya, quien encabeza el movimiento por el lado de Súchil, cayendo muerto en las primeras refriegas del combate.
   En el siguiente panel se encuentran representados, en la parte superior, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, al lado de unos simpatizantes populares que levantan mantas con las leyendas de “Sufragio Efectivo no Reelección” y “Viva Madero”. Ya siendo madero presidente de la república y Pino Suárez vicepresidente, se escenifica para 1913 la Decena Trágica, en que luego de diez días de sangrientos combates “El Chacal” de Victoriano Huerta y sus fuerzas rebeldes logran ejecutar al presidente Francisco Ignacio Madero, a su hermano Guillermo y al vicepresidente Pino Suárez, usurpando luego el poder mediante argucias legales y la alianza con los Estados Unidos. La parte central del mural la ocupa una alegoría de la revuelta armada iniciada en 1910, en la cual, sobre un tablero amarillo de plaza de toros donde se destaca con grandes números la cifra “1910”, cuatro figuras populares representan los diversos sentidos que adquirió el movimiento armando: una figura que lleva, sosteniendo ente el pecho y la mano izquierda el portaestandarte de la enseña patria -llamando la atención por la desequilibrada posición del cuerpo, pues en ella suma la marcha militar del combate y la beoda retracción ante el peligro que se avecina, viajando la caída mano derecha para afianzarse de la parte extrema, roja, de la bandera. Detrás de el un hombre empuña la carabina 30-30, mientras otro detrás con ambigua posición ademán de herido en combate al recibir el disparo o de desvanecido por algún etílico remedio reduplica la imagen del primero, mientras que por último u hombre de hinojos hace realiza un fiera ademán de entrega al estrujar con poderosa y doliente mano su camisa –simbolizando con ello todo en lo que la conflagración hubo de trágico carnaval y de renuncia no recompensada. También de mera revuelta armada, carente de ideología definida, en donde peleaban por el poder dos mil generales el hombre se degradaba hasta los más lastimosos extremos dela animalidad.
Luego de la rampa de la escalera central, el siguiente tablero expresa una alegoría paralela con la cifra de “1913”, en el que cuatro mineros y campesinos picas, con palas, talachas y fusiles se aprestan a combatir al usurpador Victoriano Huerta para defender las causas legítimas de la Revolución. En la parte superior aparece con sus características antiparras y un libro bajo el brazo Venustiano Carranza, “El Varón de Cuatro Ciénegas” acompañado de sus principales seguidores, quienes firmarían en marzo de 1913 el Plan de Guadalupe desconociendo a Victoriano Huerta como presidente de México. Villa y Zapata se unieron a Carranza para derrotar a Victoriano Huerta en 1914 cuando éste es expulsado del país, reuniéndose para octubre en la Convención de Aguascalientes los principales protagonistas del movimiento armado, nombrando como presidente interino de México a Eulalio Gutiérrez, lo cual no es aceptado por el jefe del Ejército Constitucionalista Venustiano Carranza, quien se une a Obregón para pelear contra Villa y Zapata.
   El siguiente mural muestra a un Emiliano Zapata de imponentes dimensiones flanqueado por dos mujeres, una de ellas con un niño de brazos, detrás de los cuales más que aparecer pareciera que se ocultan algunos campesinos, uno embozado en un zarape, otro detrás del sombrero de Zapata. Abajo del líder agrarista una niña en actitud devota y un niño cuyo semblante muestra no haber tenido propiamente infancia y vestido de overol y con un sombrero entre las manos, de pie, lo miran absortos por su grandeza. Zapata, hombre de altos ideales, verdadero héroe de la revolución, fue muerto a traición por órdenes explicitas de Venustiano Carranza en abril de 1919.
   El último tramo del gran tablero que ocupa el muro norte del edificio Guillermo de Lourdes retrato el momento de reconstrucción nacional bajo el gobierno de Álvaro Obregón a partir de 1920. En el fresco aparecen una serie de artistas e intelectuales de esa época, sobresaliendo, mesclados entre las figuras populares campesinas, las figuras del Ministro de Educación José Vasconcelos, del escritor Martín Luís Guzmán, del muralista Diego Rivera (quien fuera maestro de Guillermo de Lourdes), de Felix Palavichini, entre muchos otros.
   Por último, en el muro del lado este del edificio, dos tableros cierran el conjunto. Por un lado, se yergue majestuosa la figura de Francisco Villa montando a caballo junto a un infante que extendiendo la mano hacia arriba le abre el paso triunfal en una extraordinaria atmósfera de velos y esfumatos. Villa voltea ver al espectador sonriente, mientras dirige el alazán con mano firme sentado sobre una singular silla que lleva labrado en hueso la máscara de un hombre, probablemente Adolfo de la Huerta, con quien firmara un acuerdo de paz, dándole el presidente interino de la Huerta la amnistía para retirarse a vivir pacificado durante algunos años a su hacienda de Canutillo hasta que lo sorprende la muerte viajando junto con sus escoltas en un coche moderno el 20 de julio de 1923. Al fondo de la imagen de Pacho Villa un campo de guerra y más acá unos revolucionarios colgados de los postes de telégrafos cierran a composición.
   La última frase narrativa de la extensa composición de Guillermo de Lourdes sobre la historia de la Revolución Mexicana concluye con un homenaje a los revolucionarios regionales, representado así a las figuras de los valientes revolucionarios durangueños más destacadas durante la revuelta armada: Tomás Urbina, Doroteo Arango Arámbula “Pancho Villa”, Domingo Arrieta y sus hermanos, Severino Ceniceros y Calixto Contreras.
En los muros laterales de rampa de la escalera principal, el maestro Guillermo de Lurdes pintó un par de pequeños frescos más, cuyas hermosas composiciones de pequeñas dimensiones están realizadas sobre superficies de difícil estructura triangular, que son las “Alegorías sobre la Industria y Comercio”, las cuales aluden a las demandas y logros obreros y campesinos durante la revolución. El primero señala la importancia de la alianza entre el obrero y el campesino para hacer efectivamente la tierra fecunda y productiva, llevando los trabajadores unidos un estandarte en el que se lee: “A la conquista dela tierra”. Su tema, en el fondo, es el de la unidad del proletariado en torno a una causa común: el del progreso material del hombre por medio el trabajo organizado y la conquista de la libertad por medio de la educación. El segundo fresco es una imagen maravillosa de una vendedora de frutas, quien las lleva en un cesto sobre la cabeza.
   En el descanso que se abre por ambos lados el frontón del cubo de la palaciega escalera imperial del Palacio de Zambrano, el maestro Guillermo de Lourdes realizó un par de decoraciones más. En efecto, en la escalinata presenta en el descanso un nicho con venera y escultura en bronce de Benito Juárez, siendo los óleos laterales del Maestro Guillermo de Lourdes una par de hermosas alegorías en tono heroico a las efigies de Francisco Zarco y Guadalupe Victoria, las cuales son unos de los óleos más bellos del recinto, en el que aparece de nuevo, pero esta vez desnuda, la representación de la mujer que como su musa recurrentemente inspiró al pintor durante todo la ejecución de esta magna obra mural.
   Por último, subiendo por las escaleras principales, sobre el primer frontón del corredor norte del primer piso del edificio, se encuentran la culminación de toda la serie mural pintada por Guillermo de Lourdes en el Palacio de Gobierno de Durango. Se trata de una obra verdaderamente única por sus dimensiones, estructura y composición: la alegoría “La Patria con los brazos abiertos cobijando al pueblo”, en donde la la patria, bajo la forma de una gran madre que extiende sus brazos con dos teas en las manos como símbolo de la aportación de la luz de la conciencia, ampara y cobija a sus hijos. Patria reconocible y reconocedora, es cierto, atenta al cumplimiento de la legalidad, representada en el fresco por un obrero que lee en una gran hoja las garantías del Articulo 123 Constitucional, en un extremo, y por una familia arropada por la garantías de misma constitución, en el otro.
   Uno de sus más cercanos discípulos por aquel entonces, Horacio Rentería Rocha, fue su ayudante el la larga serie de frescos pintados por Guillermo de Lourdes en el Palacio de Gobierno, el cual ejecutaría también, en los corredores sobre cada una de las columnas, entre 1935 y 1936, una serie de escudos de armas del Estado de Durango de curiosa factura y singulares diseños, en algunos de los cuales aportó elementos de su propia imaginación.
   Nativo de Valle de Bravo y radicado en Aguascalientes, Guillermo de Lourdes fue un pintor de rigurosa formación académica que dejó plasmado en Durango una serie de imágenes en forma de alegorías en las que puede verse parte de su genio estético.
   En el año de 1937 el muralista decorará la escalinata y los corredores del nuevo edificio para la Escuela 18 de Marzo, conjunto que albergaría una flamante institución educativa comprendiendo primero desde los niveles básicos de kíndergarden y primaria, pasando por secundaría, hasta abarcar a los niveles propios de la preparatoria, la cual fue inaugurada por el entonces presidente Lázaro Cárdenas el 23 de junio de 1940. El recinto educativo, localizado en las calles de Victoria frente al parque Morelos, fue decorado también por el maestro Francisco Montoya de la Cruz, quien pintó teniendo como motivo el progreso regional y la siembra de algodón pero también el tema de la expropiación petrolera y la figura de Lázaro Cárdenas, y por Horacio Rentería, quien abordó dos asuntos: el famoso cuento de Charles Perrault de Caperucita Roja y la historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, pintando también, como hiciera en el Palacio de Gobierno del Estado de Durango, los escudos del estado de Durango arriba de la puerta de la dirección.
Los temas de los murales versan sobre la agricultura, sobre la siembra y la recolección del algodón, importante producto en la región Lagunera de aquella época, sobra los jornales campesinos reunidos luego del trabajo para fumar y conversar.
   El maestro Guillermo de Lurdes vivió durante cerca de dos lustros en la región lagunera, teniendo su estudio en la ciudad de Gómez palacio, en una casa que se hallaba en el interior de la jabonera “La Esperanza” donde impartía a sus discípulos clases de dibujo y daba lecciones sobre los secretos del óleo y la acuarela, el fresco y el modelado. Tenía una rica biblioteca de poetas, arquitectos y músicos, pero sobre todo de pintores, desde Atenas a Roma, de los Flamencos al renacimiento, del Impresionismo a José Clemente Orozco y donde alternaba Sócrates con Fidias, Leonardo Da Vinci con Miguel Ángel, Rafael y Tiépolo con Veronese, Tintoreto, Rembrandt, Rubens y Bernini. Gran artista de excelente cultura, Guillermo de Lourdes tocaba el piano y hablaba varios idiomas, contando en su estudio de sus correrías por Europa y de la bohemia madrileña. Estando en su madurez artística escribió incluso una columna para el diario El Siglo de Torreón llamada “Glosario” donde daba cuenta de su extensa cultura y sus alcances intelectuales.
   A pesar de su amistad con intelectuales y políticos de la época a Guillermo de Lourdes no lo tomaron en cuenta ni lo llamaron a colaborar con ellos. Fue entonces que se refugió por muchos años en la provincia mexicana dando incontables muestras de su talento y disciplina en el trabajo. Para 1944 marchó a vivir para Aguascalientes y luego vivió en San Luís Potosí y en León, radicando sus últimos años en Naucalpan, en el estado de México, en la calle de Zumpango no.4, donde vivió hasta sus últimos días. Murió en el año de 1971.

La obra artística del maestro Manuel Guillermo de Lourdes comprende, además de su trabajo mural en Durango, una serie de trabajos murales en templos, además de óleos, naturalezas muertas y dibujos. También llegó a ilustrar con sus dibujos algún libro de poemas. Entre sus discípulos habría que contar en Durango a Horacio Rentería, Mercedes y María de la Luz Burciaga, a Manuel Muñoz Olivares, de Matamoros, y a Carmen Yolanda de Balandrano, de Gómez Palacio. El maestro Manuel Guillermo de Lourdes no sólo daba grandes lecciones de técnica a sus alumnos, sino también fue un maestro de la vida dedicado a la orientación en el sinuoso y escarpado camino de la cultural y de la moral del oficio. Su trabajo, severamente desatendido durante décadas, está empezando a ser revalorado por los galeristas y despierta inquietud en la crítica de arte debido a su indudable calidad plástica, a sus valores culturales y a sus frescos acentos nacionalistas. 





2 comentarios:

  1. GRACIAS POR SU DESCRIPCIÓN TAN DETALLADA DE LA OBRA DE MI ABUELO.
    SALUDOS DE SAN LUIS POTOSI.

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  2. GRACIAS POR SU DESCRIPCIÓN TAN DETALLADA DE LA OBRA DE MI ABUELO.
    SALUDOS DE SAN LUIS POTOSI.

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